Arqueología

Hallazgo insólito: encuentran los restos de una estatua de Buda cuya cabeza fue descubierta hace 98 años

Buda, estatua
Estatua de Buda. Foto: APSARA National Authority.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Durante décadas, una cabeza de Buda tallada en piedra permaneció como un misterio abierto en el Museo Nacional de Phnom Penh. La encontraron en 1927 entre las ruinas del templo de Ta Prohm, en el corazón del complejo de Angkor, y desde entonces fue tratada como una pieza valiosa, aunque incompleta.

¿Dónde estaba el resto de la estatua de Buda? Nadie tenía una respuesta clara. Pasaron 98 años hasta que alguien volvió al punto de partida con una pala y un escáner.

El pasado mes de febrero, un equipo conjunto de arqueólogos camboyanos e indios removieron tierra en una nueva fase de excavaciones en el templo. Lo que encontraron a apenas 50 metros del lugar original sorprendió a todos: el torso de una figura de Buda, adornado con joyas, vestido con túnica y con un gesto inusual, la mano izquierda sobre el pecho.

Al comparar las piezas mediante escaneo digital, los datos confirmaron que la cabeza hallada en la época colonial y el cuerpo enterrado durante siglos formaban parte de la misma estatua.

La estatua de Buda en Angkor

El torso, de 1,16 metros de alto por 56 centímetros de ancho, fue identificado oficialmente con el número N°294. A él se sumaron una mano (N°292) y un pie (N°168), encontrados el año anterior.

La cabeza, por su parte, seguía catalogada como DCA.6883-N139, tras casi un siglo bajo custodia estatal. Las piezas, dispersas durante décadas, volvieron a encontrarse gracias a una mezcla de tecnología, intuición arqueológica y persistencia.

Esta estatua corresponde al estilo Bayón, propio del siglo XII, cuando el budismo mahāyāna era la religión oficial del Imperio jemer. Y aunque aún falta la mano derecha, lo que se ha logrado ensamblar ya permite entender mejor la iconografía de la época.

La imagen del Buda en esta escultura no busca imponerse, sino transmitir serenidad y devoción. A diferencia de otras representaciones más comunes, aquí el gesto es íntimo, recogido. Todo en la pieza apunta a una intención espiritual y simbólica que iba más allá del ornamento.

Ta Prohm: raíces, piedras y silencios que ahora hablan

El templo de Ta Prohm es famoso por una postal que se repite constantemente: raíces gigantes trepando por muros antiguos, ramas que estrangulan pasadizos y piedras vencidas por la vegetación. Pero esta imagen, casi turística, no cuenta todo.

Fue en el templo de Ta Prohm, en una zona al noreste de la tercera galería, donde los arqueólogos trabajaron junto a la Autoridad Nacional APSARA y el Servicio Arqueológico de la India.

Recuperaron 29 fragmentos escultóricos. Entre ellos, el cuerpo del Buda que ha vuelto a tomar forma. Esta ha sido una tarea delicada, pues es necesario restaurar no sólo la figura, sino su contexto. Muchas estatuas fueron arrancadas, vendidas, o quedaron desmembradas por los conflictos del siglo XX.

El equipo planea solicitar al Ministerio de Cultura y Bellas Artes de Camboya la autorización para restaurar la figura completa y exhibirla públicamente. Si se aprueba, será una de las piezas más importantes del arte jemer rescatadas en los últimos tiempos.

¿Qué representaban las estatuas de Buda y por qué se esculpían?

Las estatuas de Buda se esculpían como herramientas espirituales. Servían para meditar, para recordar las enseñanzas de Siddhartha Gautama, para inspirar a quien las observaba. Colocar una en un templo era afirmar que la compasión, la paz interior y el desapego eran valores centrales.

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